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Los tipos duros no bailan

Los tipos duros no bailan

“Digamos que me voy haciendo adulta.

  Digamos si acaso que han pasado los años.

  Han pasado años desde que tenía miedo de la oscuridad (aunque aún le tengo un poco).

Han pasado años desde que pasaba los viernes por la noche en casa viendo el ciclo “Alucine” de la 2. Han pasado años desde que me quedaba los viernes por la noche en casa y soñaba con como sería a los 25 años (le debo disculpas a esa niña, me temo que la he decepcionado profundamente).

9 años desde que me dieron el primer beso. 7 años desde que acabé el instituto y sentí que me comería el mundo. 6 desde que me di cuenta que eso no sería así. Hará unos 5 años desde que cambié radicalmente de estilo de vida, adaptandolo a mi modo de ver las cosas. 4 años desde que murió mi amiga Eli y todo se volvió del revés. 4 años ya desde aquellas lágrimas. Han transcurrido 3 años desde que me independicé y volví a casa. 2 años desde que volví a tomar un rumbo diferente para mi, elegido consecuentemente de nuevo con como soy (o como creo ser). 1 año desde que decidí quedarme aquí, en lugar de marcharme allí. 1 año desde que el libro “On the road” me pareció por primera vez más bonito en portugués.

Durante todo ese tiempo en el que el tiempo y la gente suponen que me he ido formando como persona, creandome mi sitio y mi personalidad, he ido viendo como las cosas pasaban a través mío casi sin darme cuenta. En otros momentos me he visto yendo en contra de toda cordura y dejándome la piel en el tiempo y la vida. Siempre, siempre diciendo que lo que más me gusta es aprender constantemente…

Y en realidad pienso, o directamente se, que no he aprendido nada, que no entiendo absolutamente nada, que nada es o está, nada es o está como está escrito en mis libros. Y eso es lo más triste del mundo.

Se lo que direis. Direis que no es verdad, por supuesto. Pero desde mi perspectiva es una verdad como un templo.

Porque aun me falta por aprender a reír cuando me veo llorando, a ignorar los desprecios y a perdonar las faltas, a no sentir odio ni asco. Me gustaría aprender a no caerme cuando querría estar de pie, a no hacer daño, a que no me lo hagan. A no tener memoria, esa gran trampa. Me gustaría saber hacer reír sin parar.

Y ya que estamos, me gustaría aprender a tocar la guitarra.

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2 comentarios

Sergio -

Siempre, siempre, siempre acústica. En caso contrario, Neil Young se enfada conmigo. Beso.
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Sergio -

La novela de Mailer con la que titulas es cojonuda. Recuerdo que se la regalé a un amigo después de que le operaran de apendicitis. Teníamos 18 años y las crónicas de boxeo de Mailer me parecían lo más bonito del mundo. Supongo que ser capaz de mantener el nivel de aquello con lo que soñamos de niños es tan complicado como bellamente inalcanzable. Si fueras todo lo que te propones, supongo que no tendrías nada que lograr... Por cierto, nunca hablas del que verdaderamente fue el lider de aquella generación de Kerouac: William Burroughs. Beso.
PD: A la guitarra te malenseño cuando quieras.
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